Agricultura y desarrollo sustentable van de la mano.

El tamaño de una empresa es irrelevante al momento de ser socialmente responsable y hacer buen uso de los recursos explotables.

Al respecto, Leopoldo Herrera Rodríguez, director general de Biorganix, dijo: “Es importante que las empresas pequeñas se concentren en convertir al agro en un sector amigable con el medio ambiente. A nivel global, somos casi 8 mil millones de habitantes y algo que tenemos en común es que necesitamos comer. Mostramos una tasa de crecimiento anual de más o menos 1 por ciento.

Es por eso que muchos de los recursos naturales que usamos están enfocados en la producción de alimentos. Se calcula que la agricultura, junto con la explotación forestal, contribuye con 20 o 25 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero, equivalente a lo que produce la industria de generación eléctrica, una de las más contaminantes. Entre éstas se genera 50 por ciento del total global de gases de efecto invernadero, que tienen mucho impacto en el calentamiento global.

Aparte de esto, la industria agrícola es la que más agua potable consume y la que más impacto tiene en la deforestación por el cambio y uso de suelo. Hay mucho que hacer para convertir la agricultura en una industria que tenga un desarrollo sustentable”. Herrera habló sobre las medidas que ejecuta la empresa que dirige para minimizar los impactos negativos en el medio ambiente: “Biorganix nació en Coahuila, en 2004, preocupada por el daño al medio ambiente que provoca la agricultura, y estaba a cargo de sustituir procesos contaminantes por procesos tecnológicos de residuo cero y de sustitución de ingredientes químicos por orgánicos.

Esto se ha traducido en 80 productos que han sido lanzados al mercado y que ahora llegan a más agricultores que han sustituido sus tecnologías tradicionales por alternativas amigables con el medio ambiente. La estrategia que tenemos para el cuidado del medio ambiente se centra en tres estrategias: innovación, desarrollo de tecnología enfocado al cuidado del medio ambiente, y educación.

Esta última funciona para divulgar el uso de la tecnología como solución a problemas del medio ambiente, educar en el uso de estas tecnologías al agricultor y a los vendedores de bioquímicos, pues ellos tienen contacto directo con los agricultores y les informan de las ventajas que esto conlleva”. El directivo resaltó: “Damos uso a desechos de otras industrias, incorporándolos a nuestra cadena productiva.

Tenemos programas enfocados en la mejora interna de nuestros procesos para ser más sustentables y tener menos residuos involucrando al personal. Hacia afuera tenemos un programa de huerto en tu casa, manejo y buen uso de bioquímicos, producción de biocomposta, seguridad alimentaria y reducción de desperdicios”. Otra empresa del sector Pyme es Clarvi, que ha hecho un negocio rentable y sostenible con el agua. Jesús Apolonio Cohén Heredia, líder de innovación y desarrollo, coincide en que la educación influye en el cuidado del medio ambiente: “Cuando no cuesta tener el agua, tampoco cuesta desperdiciarla, y esta falta de cultura ecológica permea a nuestro alrededor.

Estamos en una zona agrícola, y nos damos cuenta de que el uso del agua es indiscriminado en dos vertientes: gran cantidad del líquido pasa sin ser aprovechado a los drenes que van con descarga al mar sin haber tenido un uso adecuado, y la contaminación con desechos agrícolas van sin ningún tratamiento directo a nuestras costas.

“Damos pláticas y conferencias en universidades, buscando fomentar la cultura del ahorro y la no contaminación de los cuerpos receptores de agua. Manejamos materiales químicos para el tratamiento de ésta. Estamos en contacto con sociedades de protección civil a escala local y estatal y formamos parte de la brigada incondicional para atender emergencias o desastres químicos en la región. Operamos en una zona geográfica preponderantemente agrícola, en Los Mochis, Sinaloa, y nuestros cuerpos de agua son vulnerables a la contaminación con agroquímicos”.

Cohén detalló las estrategias que desarrollan en Clarvi para disminuir y optimizar el uso del agua en diversos sectores: “Nuestro país padece estrés hídrico, sobre todo en el norte, donde hay menos de mil 700 metros cúbicos por persona al año. Nuestra especialidad es el tratamiento del agua. Diseñamos y fabricamos plantas potabilizadoras que generan un uso seguro para el ramo pecuario en el que se consumirá líquido de buena calidad. Desarrollamos y ocupamos en nuestras instalaciones el sistema de tratamiento descarga cero, encaminado a tomar todas las aguas residuales que se generan. Somos entre 150 y 200 empleados que generamos el elemento residual, pues estamos en medio de campos agrícolas. Saneamos esa agua, que luego pasa por procesos de potabilización y purificación y volvemos a consumirla.

Eso nos hace ahorrar 80 por ciento de este líquido. El tratamiento de aguas residuales permite que se ocupe por segunda vez en actividades cotidianas que no necesariamente requieren que sean potables”. Cohén finalizó contando un caso de éxito de un cliente que empleó su sistema de tratamiento: “Hemos desarrollado sistemas de tratamiento para aguas residuales jabonosas y un ejemplo lo encontramos entre el valle de Culiacán y Mazatlán.

Tenemos un cliente cuyas aguas residuales y jabonosas de sus campamentos permanentes de trabajadores iban a dar a un sector donde hay granjas camaroneras. Al implementar el tratamiento, dejaron de tirar aguas con detergente a los campos de cultivo de camarón y ya no hubo problema con los vecinos y con el impacto ecológico”.

Fuente: Milenio